El forastero rojo llegó para quedarse, eso dice. Yo
no le creo porque todos los días toma sus maletas y sale a caminar. Siempre
parece que se va. Se pierde a paso lento en el camino hasta verse diminuto y
fundirse uno con el horizonte, pero luego cuando cae la tarde y los colores del
cielo parecen irreales, llega a tocar mi puerta como una ráfaga de viento. Se
instala otra vez en el borde de la ventana, mirando siempre hacia afuera, como
si le faltara algo. El forastero rojo llegó para quedarse, eso dice. Yo no le
creo porque ciertos días cuando me nota descuidada, toma unos cuantos vasos de
la cocina y los arroja al suelo. Nunca me avisa y nunca me doy cuenta. El
forastero rojo conociendo mi costumbre de descalzarme, espera a que la sangre
me escurra por los pies para decirme que tenga cuidado. El forastero rojo no me
quiere. Forastero rojo ¿por qué no te vas? El forastero rojo siempre me evade,
mira para otro lado y luego se hace humo por unas horas. El forastero rojo no
me ama y dice que llegó para quedarse, eso dice. Yo no le creo porque ayer me
dijo que se iba y salió con su maleta al atardecer. Lo seguí con la mirada
hasta verlo echo sombra y mezclarse con el horizonte. El viento soplaba fuerte,
como siempre que anda el forastero, era intenso el frío pero tibio al tacto. Lo
miré y las lágrimas cayeron solas ¿felicidad? ¿tristeza? ¿No es lo mismo? El
forastero rojo no se despidió ni yo de él. El forastero rojo no llegó para
quedarse. El forastero rojo se fue, es un mentiroso. Vuelve forastero rojo.
Siempre estaré aquí para olvidarte.