Sentada, sin nada más que hacer que escribir algunas ideas, me propongo escribir de la manera más libre posible. Una especie de corriente de la consciencia pero con más consciencia. Curiosamente, esas son las palabras que más me cuesta escribir y como arrancando de ellas, intento explicar lo que me ocurre y luego explicar lo que ocurre con lo que ocurre y lo que ocurre con lo que ocurre que ocurre y así en una espiral infinita de explicaciones. Tomo un sorbo de mi té verde, una realidad que necesita ser tragada con el amargor áspero del brebaje, y vuelvo a intentar escribir algo. Busco que tenga una meta, me digo "Todo debe tener un sentido, un camino" "Las palabras no, nada más existen, sopesan una carga" "Nada". Pero no encuentro más que una gramática hueca, una semántica distorsionada en la bipolaridad del tiempo/espacio de mi mente, y unos sonidos que rebotan constantemente en toda la materia. Haciéndome sola. Sola, sola.
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