jueves, 14 de julio de 2016

No hay día completamente gris

Las nubes se amontonan amenazantes en el cielo. He esperado todo el día por esas gotitas mágicas que nos limpien de un Santiago asqueroso contaminado de polución, smog y humores varios. La carraspera no se hace esperar. Una ausencia de voz que fluye de forma indirecta. Aguantando. La sequía nos enmudece. Una contención inconsciente que nace de las vísceras para detenerse en el aparato fonador. No sale. Queda atrapada en el pus que almacenan nuestros pulmones. Esa viscosidad amarillo-verdosa que fertiliza tierra y veredas por igual. Se viene, la lluvia, se viene. Algunos la quieren, otros la odian. Recuerdos diversos preparan la experiencia. Un viento tibio acaricia las mejillas, sube la humedad relativa, se huele en la atmósfera hasta que la nube se satura. Exploradora de una nueva manifestación material, se abre al torrente y con ella se abren los corazones cerrados. Las carrasperas se intensifican y explotan en verborreas emocionales: llantos, peleas, reconciliaciones y una larga lista de mensajes resolutivos.

Escucho la lluvia mientras leo los pasos de Dante en la arquitectura infernal y dosifico mi energía para resistir esta enfermedad que me domina. Un par de horas dura el pronosticado diluvio "Aclaró un poco el día" dice mi madre, "Sí" pienso "Es que no hay día completamente gris", "Salió el sol", insiste con optimismo "No hay día completamente gris".


https://www.youtube.com/watch?v=r8eGJuVZ3oM&list=FLDORhQd1iN-cGkq8_fMFR0w&index=10




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